-Irene… -Aitor no sabe cómo seguir, está nerviosísimo. No, lo siguiente. Están ahí, los dos solos, por fin. Él mirando al suelo, ella sin parar de mirar fijamente a los ojos azules que tiene enfrente. Tiene que decirle algo importante, imortantísimo para que se haya tomado tantas molestias en que estuvieran solos… -Irene… Creo que… -Está tan nervioso que no le salen las palabras.
Ella está que no puede más. Se le va a salir el corazón. No puede pararse quieta. Coge las manos de Aitor con las suyas, para intentar darle fuerzas, todo, sin parar de mirarlo directamente a esos ojos que la enamoran desde hace ya tiempo.
En ese momento, siente que el contacto con ella lo calma. Siente que llega el momento. ¿Qué será lo que le tiene que decir? Está tan nervioso… Le entran ganas de abrazarlo, de decirle que no tiene que preocuparse por si le molesta lo que va a decir, que ella nunca se enfadaría con él, que no podría aunque quisiera, porque lo quiere más que a nada en el mundo.
Aitor mira fijamente a Irene a los ojos. Y sonríe.
Qué perfecto es.
-Creo que me estoy enamorando de ti… -Dice por fin.
Enamorado de ella. Aitor. ¿Enserio?
No. No puede ser. Tiene que haber escuchado mal, eso es todo.
-¿Enamorándote de mí? –Consigue decir Irene, sin creérselo todavía. Es que no, no puede ser…
-Sí. –Dice él, muy seguro de sí mismo y de lo que siente. –Cuando estoy contigo siento cosas que no he sentido nunca con nadie. Es… No sé como podría explicarlo. –Aitor hace una pausa, intentando encontrar las palabras adecuadas. Irene siente que se le sale el corazón. De verdad. Se va a marear. Nunca había estado tan feliz como lo está en ese momento. Pero no puede hablar, está paralizada. –Son todo contradicciones. Cuando no te veo te echo de menos, me pregunto cómo estarás, con quién estarás… Pero cuando por fin te veo, me pongo de los nervios, no quiero ni acercarme, me da miedo estar a tu lado… No sé, será por miedo a perderte… No me entiendo a mí mismo. –Sonríe, tímidamente. –Supongo que eso es lo que entiendo por estar enamorado… -Al ver que Irene no dice nada, Aitor se pone un poco más nervioso… -¿Qué es para ti enamorarte?
La chica tarda unos minutos en contestar. Se lo piensa bien. Sabe lo que es estar enamorada. De hecho, lo está de él. Solo tiene que pensar en qué es lo que siente al pensar en él…
-No lo sé… Creo que es pensar en una persona y sentir que lo harías todo por él, no importa el qué. -Los dos se miran a los ojos, entendiéndose con las miradas. -Sentir que lo necesitas, querer que sea feliz. –Irene coge fuerzas y lo mira con más intensidad. –Y eso es justo lo que siento por ti, Aitor. Te quiero.
Vale, ya lo ha soltado. Las manos del chico sueltan las de ella, y la agarran por la cintura. Siente como se pone roja. Pero en ese momento eso es lo que menos le importa. En su mundo solo está Aitor. Aitor y su respuesta. Aitor y sus ojos. Aitor y su boca. Su pelo…
-Yo también, como nunca he querido. Y sí, creo que esa es una buena definición de estar enamorado… Yo siento que hasta podría volar con los pies en el suelo por ti. Lo haría todo, de verdad.
Los dos sonríen. Están felices. Y enamorados, muy enamorados. De verdad. Se acercan poco a poco, cómplices en esta nueva historia que acaba de comenzar. Y se besan. Un beso con el que los dos habían soñado.
Pero un beso mejor que en cualquiera de sus sueños. Perfecto.