Todos tenemos canciones favoritas que crean la banda sonora de nuestras vidas.
Canciones que nos recuerdan a esa persona que tanto queremos. O que tanto quisimos. A personas que ya no están pero que siempre tendremos en nuestros corazones. Canciones que puede que nunca más podamos volver escuchar por temor a los malos recuerdos que nos traen. O a los buenos, que a veces es peor. Canciones que nos recuerdan a ciertos momentos de nuestras vidas en los que éramos realmente felices o lo pasamos realmente mal.
Canciones que nos recuerdan nuestra infancia, al estupendo verano de hace tres años, a amigos que ya no lo son, a sucesos catastróficos, a una fiesta de cumpleaños, a aquel viaje o al primer amor.
Canciones que con sólo escuchar dos notas se nos ponen los pelos de punta, canciones sin sentido, o que expresan absolutamente todo lo que sentimos en ciertos momentos. Canciones con las que nos entran unas tremendas ganas de llorar o con las que se nos mueve todo el cuerpo al ritmo de la música.
Canciones y más canciones. El ritmo, los instrumentos, la letra…
La música es una gran parte de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, siempre hay canciones que nunca nos cansaremos de escuchar: Porque nos traen recuerdos, de épocas, o de días, o de personas, o de situaciones; Porque nos sentimos identificados con las letras y pensamos que están escritas solo para nosotros; Porque nos encanta la melodía y estaríamos bailándola toda la vida.
Por mil y una razones, hay canciones que nos llegan y que son importantísimas en nuestras vidas. Esas canciones que nos ayudan a seguir en los malos momentos y nos agrandan la sonrisa en los felices.
Sea como sea, sé que las canciones son algo imprescindible en mi vida. Y doy las gracias a la música por facilitarme el camino para llegar a ser quien soy hoy en día :)