Os pongo un fragmentillo de una historia que estoy escribiendo. Espero que os guste ;) Puede que el principio no lo entendáis porque está dentro de la historia, pero seguid leyendo :)
-Bien, te creo. –Mentí, también mirándolo a los ojos. Nuestras cabezas estaban a escasos centímetros. No me había dado cuenta de que me había acercado tanto hasta ese momento. Notaba un calor entre nosotros, algo mágico, inesperado. Pero ¿él lo notaría también? No aguantaba más tiempo, se lo tenía que decir. Suspiré. –Pablo, tenemos que hablar también de otra cosa… -Le dije quedándome donde estaba, donde podía sentir su corazón latiendo fuerte, rápido, enérgico.
Como él.
-¿De qué? –Me dijo animándome a seguir. Le brillaban los ojos. Estaba clarísimo qué era lo que le tenía que decir. Él lo sabía. Me cogió la mano, mientras los dos la mirábamos. Me estremecí al tacto de su mano caliente, suave, romántica. Y la acarició. -¿Qué quieres decirme? –Susurró mientras los dos volvimos a mirarnos a los ojos. Estaba sonriendo, sabía lo que le iba a decir.
-Te quiero. –Le dije, intensa. Noté como me ruborizaba. Pero me dio igual. Porque sí. Porque ya lo había dicho. Porque oí su corazón acelerándose aún más. Y porque vi su preciosa sonrisa. Sonreía por lo que le había dicho. Me sonreía a mí.
Él no me dijo nada. Siguió mirándome, como si yo fuera la obra de arte más bonita del mundo. Se acercó aún más, hasta que nuestros labios se rozaron. Solamente un pequeño roce, principio de un beso. Sentí el calor de su aliento. Sentí el calor de su boca tocando la mía. Sentí que estaba temblando. Sentí amor. Él se separó de mí lentamente para volver a mirarme a los ojos.
-Te quiero. –Me susurró.
Era mágico, una película en la que yo era la protagonista. Un cuento de hadas en la que yo era la princesa. Nunca me había sentido así.
Sería porque nunca había estado enamorada como lo estaba ahora.
Pablo volvió a acercarse, esta vez para besarme de verdad. Un beso romántico, lento, sentido, precioso. Me atrajo hacia si poniendo los brazos en mi espalda y yo lo abracé por encima de sus hombros. Cada lugar donde su cuerpo tocaba mi cuerpo se contagiaba de amor.
Nos separamos y nos miramos sonrientes, cómplices en esta nueva historia que acababa de empezar.
La nuestra.
-¿Quieres salir conmigo? –Preguntó, con la voz, pero también con los ojos.
-Sí. –Lo besé de nuevo. Me encantaba.
-¿Averiado? No puede ser… ¿Y tenemos que entrar a los baños de las alumnas? En fin…
Era Susana, la profesora de inglés y dentro de nada iba a entrar… Y si no hacíamos nada a pillarnos. Obviamente los chicos tenían prohibido estar en el baño de las chicas, y encontrar a Pablo allí le supondría una falta… Y puede que a mí también.
Nos miramos divertidos, felices de lo que acababa de pasar, pero buscando ideas el uno del otro para que nuestra profesora no nos encontrara. Pablo cogió fuerte mi mano y nos metimos en un baño. Justo cuando se cerró la puerta se abrió la de fuera, dejando entrar a nuestra profesora. Ella pareció notarlo.
-¿Hay alguien ahí? –¿Pero qué pregunta era esa? ¿Se pensaba que en los baños de las alumnas había monstruos? Puse los ojos en blanco mientras a Pablo le entraba la risa.
-Sí, soy Iris. –Alcé los hombros sin saber qué más podía decir. -¿Qué pasa?
Se escuchó un suspiro. En serio, nuestra profesora estaba loca. Tuve que taparle la boca a Pablo para que no se riera y nos oyera. Él las quitó y me besó, feliz, mientras Susana hablaba.
-Ah, menos mal, Iris. Es que nuestro baño esta averiado y he tenido que venir a este, pero tranquila, ahora salgo. –Creo que fue eso lo que dijo.
La verdad es que no me importaba nada lo que me dijera. Estaba sumergida en el beso con Pablo, mi novio.
¡Qué bien sonaba!
Estaba contenta, realmente. Y enamorada. Se oyó la bomba y el grifo y después la despedida de Susana. Pero ni siquiera me molesté en decirle adiós. Estaba genial donde estaba y no me quería mover.
Nunca.
Daría cualquier cosa porque ese momento durara para siempre.
Fue pensar eso y…
-¡TRIIIN!
El timbrazo que decía que el recreo había terminado…
-Vaya… -Dijo Pablo. –Los buenos momentos se pasan volando.
-Pues sí –Le contesté mientras seguía abrazada a él. No tenía intención de moverme. –Pero podía haber elegido un escenario mejor. –Dije con una sonrisa tímida.
-Para nada. Este sitio es perfecto, luminoso, íntimo, quitando a la loca de Susana… Hasta tenemos… -Empezó a mirar alrededor, pensando, sonriendo como lo hacen los niños pequeños cuando están pensando en hacer algo “malo”. -¡Perchero! –Dijo mientras lo señalaba y yo me reía. –No, enserio. –Dijo volviéndose a mí y poniéndose serio de nuevo. -Ha sido perfecto. Cualquier lugar habría sido perfecto para mí.
De repente, se soltó de mi abrazo, y empezó a buscar algo en su bolsillo. Cuando vio mi cara de enfado y se echó a reír, no pude ser menos. Tenía una sonrisa contagiosa.
Me encantaba.
Me apartó y empezó a pintar algo en la puerta con el permanente que había sacado de su bolsillo. Era el símbolo de pi. Miré alternativamente al símbolo matemático y a Pablo, sin entender.
-Es el pi, el símbolo de nuestra historia. La P de Pablo y la I de Iris. PI. –Me dijo, esperando mi reacción.
Yo le quité el permanente de las manos y me “tatué” el símbolo en la muñeca. Al ver que Pablo me enseñaba la suya, también lo dibujé allí. Después le di un ligero beso en los labios, le di la mano y salimos del baño en dirección a nuestra clase.